LA HISTORIA DE UNA CHOVA QUE DECIDIÓ CAMBIAR LAS REGLAS

Por David Notario Rincón, Biología y Conservación de la Biodiversidad

En la isla de La Palma, donde los barrancos se hunden en la tierra y los acantilados se levantan como murallas volcánicas, vive un ave que siempre ha sabido aprovechar los recovecos del paisaje: la chova piquirroja. Durante generaciones, estas aves han criado en los cortados, en cuevas naturales y en grietas imposibles, formando pequeñas ciudades verticales donde cada pareja encuentra su hueco entre la roca. Allí, en esos balcones naturales, la vida se organiza alrededor de dos cosas: los vecinos y la comida.

Porque para una chova, criar no es solo encontrar un buen agujero donde poner los huevos. Es también asegurarse de que, desde ese nido, puede llegar rápido a los lugares donde abundan los invertebrados que alimentarán a sus polluelos. Y es, además, vivir cerca de otros individuos que aportan algo esencial: información. Las chovas son sociales, intensamente sociales. Se observan, se siguen, se copian. Cuando una encuentra un buen lugar para alimentarse, otras la ven y aprenden. Cuando un grupo se reúne en un dormidero, ese punto se convierte en un nodo de noticias: quién ha encontrado pareja, dónde hay comida, qué zonas están saturadas.

En La Palma, esa vida social se hace evidente en los grandes dormideros donde se juntan cientos de individuos. Desde allí salen al amanecer como una nube negra y roja, dispersándose por la isla. Y desde allí vuelven al atardecer, como si el día entero fuera una coreografía colectiva.

UN PAISAJE QUE CAMBIA

Durante décadas, las chovas han dependido de los paisajes agrícolas tradicionales: pequeñas parcelas, cultivos de baja intensidad, zonas abiertas donde el suelo está vivo y lleno de insectos. Pero ese paisaje ha cambiado. Las plataneras, cultivos intensivos, homogéneos y poco nutritivos para ellas, han ido ocupando terreno. Los antiguos mosaicos rurales se han fragmentado. Y los lugares donde antes encontraban alimento abundante se han vuelto menos accesibles.

Aun así, las chovas han seguido criando en los cortados. Pero algo empezó a ocurrir en las zonas donde los nidos se acumulaban demasiado. En los acantilados más densos, donde decenas de parejas compartían espacio, la competencia se volvió feroz. Los mejores huecos estaban ocupados. Los recursos cercanos se agotaban rápido. Y, además, la vida en colonias densas tiene un precio: los parásitos. Aparece un protagonista silencioso, Isospora sp., un parásito intestinal que se transmite con facilidad cuando muchos individuos viven juntos.

En esas zonas saturadas, algunas chovas empezaron a enfrentarse a un dilema: quedarse en el cortado, soportar la competencia y el riesgo, o buscar algo nuevo.

LA INNOVACIÓN INESPERADA

Y entonces ocurrió algo extraordinario. En una isla donde las chovas siempre habían criado en roca, algunas parejas empezaron a instalarse en palmeras. Primero tímidamente, luego con más frecuencia. No es una revolución masiva, pero sí un cambio significativo: una innovación de comportamiento, un salto fuera de lo conocido.

Lo sorprendente es que estas palmeras no estaban en lugares radicalmente distintos. No eran ambientes nuevos, ni zonas con condiciones ecológicas diferentes. Las chovas que se aventuraron a las palmeras seguían buscando lo mismo que las que se quedaban en los cortados: proximidad a zonas rurales, acceso a matorrales y vegetación baja, pendientes pronunciadas, y sobre todo, estar cerca de otros individuos.

Las palmeras no representaban un nuevo nicho ecológico. Representaban una solución alternativa para seguir viviendo dentro del mismo nicho.

Como si dijeran: “Si no puedo criar en la roca, criaré en lo que se parezca más a ella… aunque sea una palmera”.

LA LÓGICA DETRÁS DEL SALTO

¿Por qué una palmera? Porque, aunque no sea una cavidad rocosa, cumple varias funciones:

  • Está elevada, protegida del suelo y de depredadores terrestres.
  • Ofrece huecos entre las bases de las hojas, suficientemente amplios para construir un nido.
  • Se encuentra en zonas rurales donde la comida sigue siendo accesible.
  • Y, sobre todo, aparece en lugares donde los cortados cercanos están saturados.

Las chovas no están cambiando su nicho. Están expandiendo su repertorio de opciones para seguir viviendo dentro del mismo nicho.

Es como si una especie que siempre ha vivido en casas de piedra empezara a aceptar casas de madera cuando las de piedra se llenan. No cambia su estilo de vida, solo su arquitectura.

LA IMPORTANCIA DE LOS OTROS

Hay un patrón claro: las chovas se atraen entre sí. Esa atracción es poderosa. Las chovas buscan la compañía de otras chovas porque les aporta seguridad, información y oportunidades de emparejamiento. Pero cuando la densidad es excesiva, la balanza se inclina hacia la competencia y el riesgo sanitario.

La innovación en palmeras surge exactamente en ese punto de tensión: cuando la necesidad de estar cerca de otros individuos choca con la saturación de los lugares tradicionales.

UNA HISTORIA DE FLEXIBILIDAD

La chova piquirroja de La Palma es un ejemplo perfecto de cómo una especie puede adaptarse sin cambiar su esencia. No abandona sus preferencias ecológicas. No explora ambientes radicalmente nuevos. No se convierte en otra cosa.

Simplemente encuentra soluciones creativas para seguir siendo ella misma en un paisaje que cambia.

En un mundo donde los cultivos tradicionales desaparecen, donde los acantilados se saturan y donde la competencia aumenta, algunas chovas deciden probar algo distinto. Y ese pequeño gesto — poner un nido en una palmera — es una muestra de la flexibilidad que permite a las especies persistir en tiempos de cambio.

La historia es clara: la supervivencia de esta población depende de los paisajes rurales tradicionales. Las chovas necesitan esos mosaicos agrícolas, esos matorrales, esos suelos vivos donde encuentran alimento. Sin ellos, ni los cortados ni las palmeras serán suficientes. La innovación es fascinante, pero no sustituye a la conservación del hábitat. Las chovas pueden adaptarse, sí. Pero solo si el mundo que las rodea sigue ofreciéndoles los recursos que necesitan.

@DAVIDNOTA.BIO [IG]

@DAVIDNOTA.BIO [TIKTOK]

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Blanco, G., Notario, D., Palacios‐Martínez, I., Frías, Ó., Ayala, R. M., & Carrete, M. (2026). Drivers and conservation impacts of innovative tree nesting in an isolated island population of the red‐billed chough. Ecology, 107(3), e70344.

Comments
* The email will not be published on the website.