
Cocodrilos viviendo bajo las calles de Nueva York. Durante décadas, esta ha sido una de las leyendas urbanas más famosas del mundo: caimanes gigantes acechando bajo las calles de Nueva York, entre ratas y túneles oscuros. Pero ¿de dónde sale esta historia?
Todo empieza a principios del siglo XX. En esa época se pusieron de moda los caimanes bebé como mascotas exóticas. Eran pequeños, baratos y se vendían incluso como souvenirs. El problema llegó cuando esos “adorables” caimanes crecieron. Muchos dueños, incapaces de cuidarlos, optaron por una solución rápida: tirarlos por el retrete o abandonarlos cerca de ríos y parques. A partir de ahí, empiezan los rumores. Trabajadores del sistema de alcantarillado afirmaron ver reptiles grandes moviéndose entre las tuberías. También hubo avistamientos reales de caimanes en ríos, lagos urbanos y parques de la ciudad, como Central Park o el río Bronx. Y así, poco a poco, nació el mito: cocodrilos ciegos y albinos, adaptados a la oscuridad, cazando ratas bajo Nueva York. La idea era que, al no estar expuestos a la luz solar, estos animales ya no necesitarían protegerse de la radiación ultravioleta, y por eso habrían perdido su pigmentación. Pero ahora viene la parte incómoda para la leyenda… la biología.
¿Podría realmente sobrevivir un cocodrilo o un caimán en el alcantarillado? La respuesta corta es: no. Un caimán adulto necesita presas grandes: peces grandes, aves, tortugas o mamíferos. Las ratas, por muy abundantes que sean, no aportan suficiente energía para mantener un animal de decenas o cientos de kilos. Además, el alcantarillado es un entorno terrible para ellos.
Para empezar, el agua está altamente contaminada. Estos animales pasan gran parte de su vida sumergidos, y una exposición constante a aguas cargadas de metales pesados, bacterias y residuos químicos afectaría directamente a su piel, a sus ojos y a su sistema inmunitario, aumentando mucho el riesgo de infecciones. A eso se suma el espacio. Los cocodrilianos necesitan zonas amplias para moverse, cazar y, sobre todo, descansar. En túneles estrechos y conductos artificiales, el estrés sería continuo, algo que en reptiles se traduce en un debilitamiento fisiológico y una menor capacidad para combatir enfermedades. Y hay un problema aún más grave: la temperatura. Los cocodrilos y caimanes son animales ectotermos, es decir, dependen del calor externo para regular su metabolismo. Sin acceso a la luz solar ni a superficies donde calentarse, su digestión, su sistema inmunitario y su nivel de actividad se verían seriamente comprometidos.
Un ejemplar joven podría sobrevivir un tiempo, sí, pero acabaría desnutrido, enfermo o muerto. No hay forma de que exista una población estable, reproduciéndose y prosperando bajo la ciudad.